martes, 24 de noviembre de 2009

Un año después de un parto con desenlace trágico, pese a las complicaciones
y tras una cesárea intencionadamente prematura, nací yo.
Pesaba poco mas de dos kilos y aun que no debía parecer gran cosa,
mis padres al fin eran felices. Supongo que en parte por que no sabían la
que se les venia encima...

Como podréis imaginar esto que os acabo de contar no lo he sacado de mis
propios recuerdos, pero lo que viene a continuación, es fruto del mi
afán por recordar y dejar constancia de mi corto paso por el mundo antes
de marcharme.

Lo primero que recuerdo y sin hacer demasiado esfuerzo es que desde bien
pequeñito fui el nene mimadito de la casa. Por aquel entonces mis padres
siempre estaban trabajando en el restaurante que hacia algunos años habían
adquirido y que con mucho esfuerzo sacaban adelante Por esta razón yo pasaba
mucho tiempo con mis yayos (los padres de mi madre), que para mi siempre
serán los mejores del mundo.

Mi yayo era mecánico y su pasión siempre fue la naturaleza, aun que
siempre me contaba anegdotas de cuando era joven y compartia esa afición
con la de la bicicleta. Siempre mostraba orgulloso sus trofeos y las fotos
y a mi me encantaba escucharle y le acompañaba a cazar, a por caracoles ,
a buscar setas, lloviese nevase o cayesen chuzos de punta yo lee hubiese
seguido al fin del mundo. Y pese a sus chistes absolutamente desastrosos
, con los que me partía de la risa. Le adoraba y la verdad es que lo pasaba en
grande y a el debo mi pasión por los coches, los animales y la naturaleza.

Mi yaya es la mejor persona que ha pisado la faz de la tierra...